Duelo de gallos en el corral, Risto VS Iglesias
Podría decirse, que nos estamos acostumbrando a que cada cierto tiempo, dos personalidades de gran fama se enzarcen en un enfrentamiento digital, desde el cual arrojan comentarios despectivos acerca de su rival, con el objetivo de emponzoñar su imagen, y terminar mostrándose antes los numerosos espectadores que observan la batalla, como un campeón de la dialéctica, comparable con un gladiador de coliseo romano.
Esta vez, el duelo se ha originado entre Risto Mejide y Pablo Iglesias, algo que me ha sorprendido enormemente, si tenemos en cuenta el modelo crítico que los vincula a ambos, y que a mi parecer, los hacía jugar en líneas paralelas. Pero ha sido el presentador de televisión quien ha disparado la primera bala, pues a través de su programa televisivo Todo es mentira, realizó varias declaraciones sobre la simpatía que Pablo Iglesias ha demostrado hacia Vladimir Putin a lo largo de su vida pública, estableciendo como argumento central la posición del partido morado sobre el envío de armamento a Ucrania por parte del gobierno español.
La réplica no se hizo esperar, y el ex líder de Podemos hizo uso de su podcast en el diario Público para contestar a las acusaciones del presentador. Como de costumbre, dicha respuesta ocurrió en un tono de ironía bastante desmedido (alzando las manos a la cabeza, a la boca o incluso moviendo los dedos como si estuviera tramando algún turbio plan), a través de la cual acusaron al programa Todo es mentira de realizar un ejercicio de manipulación mediática subliminal con el fin de oscurecer de forma injusta la imagen de Pablo Iglesias. (No puedo dejar pasar sin destacar, la sorpresa que me produce ver a un personaje tan populista hacer referencia a la manipulación mediática subliminal).
La cosa podría haber terminado ahí, pero Risto no suele dejar escapar este tipo de polémicas, por lo que, durante el siguiente programa que protagonizó, volvió a cargar contra el ex político de izquierdas, haciendo mención a muchos de los beneficios burgueses de los que ha gozado durante su carrera, como pueden ser el coche oficial, el servicio de niñera por parte del Estado, o incluso el famoso chalet de Galapagar, que ha dado mucho de lo que hablar. Finalmente, Risto puntualizaba esa lista de privilegios refiriéndose a Pablo Iglesias como “el emérito de Podemos”, símil que me parece tan gracioso como cierto.
Así llegábamos al cuarto asalto, esta vez en manos de Iglesias, quien volvió a usar La Base como método de respuesta. Pero a mi criterio, es aquí donde el ex líder de la facción morada ha perdido los papeles, adoptando una actitud bastante primitiva. En lugar de hacer referencia cualquiera de los posibles escándalos que han rodeado al ególatra presentador, Iglesias prefirió hacer menciones sobre un hipotético consumo de cocaína por parte del protagonista de Todo es mentira, sin aportar prueba alguna, y retorciendo dicha acusación de una forma especialmente satírica mediante un videoclip del grupo Lendakaris Muertos, titulado “Oso Panda”, que para quien no lo conozca, realiza una comparación de las manchas de estos animales con las ojeras que aparecen en los rostros de los consumidores de cocaína.
Ante estas peligrosas acusaciones, Risto se ha mostrado bastante serio, alegando nunca haber consumido cocaína, y refiriendo a la falta de respeto cometida por parte de Iglesias, ya que afirma tener una mala experiencia en su familia, por culpa de las drogas, y no considera que sea un tema del que deba de hacer mofa.
Personalmente, no tengo ninguna simpatía por ninguno de estos individuos. Ambos me parecen lacra cuyo único objetivo es lucrarse de las desgracias ajenas, y que con abrir la boca, pueden generar toneladas de odio. En cuanto a esta situación, creo que Iglesias ha perdido los papeles realizando este tipo de acusaciones sin aportar prueba alguna. Además, me apena enormemente, porque hace tan solo una semana yo mismo estaba elogiando a La Base por su eficiente labor informativa, pero con actos como estos, vuelven a dejar totalmente claro el fin propagandístico y partidista que adoptan este tipo de programas. Ahora tan solo resta comprobar hasta donde se extendrá este enfrentamiento entre gallos, aunque al menos, espero que no vuelvan a perder las formas, y se comporten de una manera algo más apropiada.