Tekken Bloodline, una adaptación breve pero fiel
En medio de esta vorágine de estrenos y vacaciones de verano que estamos teniendo como suele ocurrir en el mes de Agosto, Tekken Bloodline ha pasado a esta disponible en el catálogo de Netflix, por lo que, tras terminar la serie que tenía por la mitad, no he dudado en abalanzarme sobre ella para comprobar cuál ha sido el resultado de la adaptación de una de las sagas que tanto me ha marcado desde niño.
Ya desde un primer momento me llevé una enorme decepción. Desde el propio menú de selección de capítulos podemos descubrir que la serie consta tan solo de 6 episodios. Lo que viene siendo la mitad de duración que cualquier otra serie de animación del estilo. Pues efectivamente, Tekken Bloodline ni siquiera alcanza las tres horas de contenido. Pero analicemos el resto de detalles de la serie, tratando de capear los spoilers.
En cuanto a la animación, han optado por un estilo propio muy característico. En general, la calidad de la animación es bastante buena, centrada en el uso de las sombras y los colores, que destaca especialmente en las escenas de combate, adornadas por los efectos de los golpes y las técnicas que podemos ver en los mismos videojuegos. Aunque por otro lado, en las escenas más estáticas, le resta bastante expresividad a los rostros de los personajes. Respecto al apartado musical, también he quedado satisfecho, pues durante varios momentos han logrado sacarme una sonrisilla al recordar esas canciones tan potentes que podemos escuchar en sus videojuegos.
Respecto a la trama, ninguna sorpresa. La historia, como siempre ha ocurrido con Tekken, gira alrededor de la familia Mishima, concretamente con Jin como protagonista. La verdad es que han sabido emular los acontecimientos de Tekken 3 con una precisión bastante exacta, llegando a destacar incluso algunos detalles de historias que muy pocas personas conocían. También contamos con una buena cantidad de personajes durante los seis episodios que podemos ver, pasando tanto por algunos de los clásicos como Hwoarang, Xiaoyu o Paul Phoenix (el cual por cierto, me hizo mucha gracia que compartiera doblador en castellano con Marcus Fénix), pero también han sabido hacer uso de personajes más modernos, como es el caso de Leroy Smith.
Resumiendo, la serie en general me ha gustado, aunque desde el primer momento me ha dado la incómoda sensación de que los episodios transcurren de forma apresurada, saltándose puntos fuertes como podrían ser ciertos combates, para centrarse exclusivamente en la trama de la evolución de Jin Kazama y su enfrentamiento contra Ogre. Personalmente, soy de la opinión de que, con un elenco tan grande de personajes con sus propias historias, esta serie podría haberse enfocado de otra manera mucho más vistosa, y sobretodo, que diera para más de seis episodios.
Si tuviera que recomendar a un amigo un anime de pelea y combates, no sería Tekken Bloodline, pues aunque he disfrutado enormemente de ver a los personajes de siempre realizar las habilidades y las técnicas que tantas veces he usado con un mando de videoconsola, a efectos prácticos, no me ha parecido tan vistoso como otros títulos de la plataforma, como pueden ser Baki o Kengan Ashura. Es decir, no estoy diciendo que Tekken Bloodline es una mala serie, pero esperaba mucho más de ella.