La Super Bowl LVI se decide entre defensas

Aaron Donald

Finalmente había llegado el momento que durante tanto tiempo había estado esperando, la tan ansiada Super Bowl que enfrentaría a los Rams contra los Bengals. Todo iba según lo planeado, y cuando el balón de piel comenzó a moverse, ya me encontraba posicionado en el sofá, con el estomago bien lleno de la generosa botana con la que los anfitriones de tan emocionante velada nos habían preparado.

Apenas pasaron un par de minutos antes de que el equipo favorito se adelantara en el marcador, dejando clara su ventaja frente a unos Bengals que aun no parecían tener claro que el partido había empezado. Esta diferencia se mantuvo durante prácticamente toda la primera parte, con la peculiaridad de que a cada segundo que el reloj avanzaba, los tigres de bengala parecían empezar a conectar pases más precisos y letales que los anteriores. Y así llegamos al descanso, con una ligera ventaja que acercaba a los Rams al anillo que tanto deseaban.

Pero las sorpresas y la magia esperaban a que los jugadores regresaran al terreno de juego. Apenas habían reanudado el partido cuando los Bengals supieron aprovechar dos garrafales errores por parte del equipo local, haciendo que el marcador se decantara para los de color naranja. Y a partir de aquí, todo fue un partido en pleno fuego. Jugadas polémicas que el arbitraje dejó pasar en favor de los Bengals, como un terrible facemask de los que te obligan a llevarte las manos a la cabeza. Y en medio de un partido donde las defensas brillaban mucho más que los ataques, en el que pudimos ver lesiones tan importantes como la del receptor estelar Odell Beckham Jr. o incluso al dúo de mariscales, que recibieron duros golpes que nos hacían plantearnos su presencia en el terreno de juego.

En plena batalla campal, con los jugadores de ambos equipos tan nerviosos como tensos, dos hombres supieron liderar las ofensivas de cada equipo. Los receptores Chase y Kupp, quienes completaban lanzamientos que pocos seres humanos tendrían el talento de recibir. Pero entre todas esas grandes personalidades que hemos mencionado, hubo una que, a criterio personal, destacó por encima de los demás. Aaron Donald supo liderar la defensa de los carneros de una forma totalmente ejemplar. Fue el hombre que en las jugadas decisivas supo frenar a sus rivales con un excelente despliegue de potencial físico, llegando a paralizar los últimos intentos que los chicos de Cincinnati ejecutaban para dar la vuelta al marcador.

Y así es como los Rams se alzaron con la victoria. Segunda vez que un equipo gana la Super Bowl en su propio estadio, y un partido que corona una saga de Playoffs que pocas veces antes se han podido ver. Francamente, otro de esos momentos que te hacen enamorarte del fútbol americano.

Por mencionar el espectáculo del descanso, aprobado suficiente. Sin sorpresas ni nada que recordar para los años posteriores, ofreciendo simplemente todo lo esperado, quedando por debajo de lo acontecido en años anteriores.

Mis felicitaciones a los carneros, pues jugaron mereciéndose el anillo, y así lo ganaron.