La estafa del calamar
De entre todas las noticias que escuché la semana pasada, una de ellas hizo especial mella en mí, pues el imparable y descontrolado éxito de la serie El juego del calamar había resultado por desembocar en la creación de una nueva criptodivisa, que bautizada como “SQUID”, había hecho presencia en el mercado digital.
Según adelantaban sus creadores, se trataba de una moneda que se podría utilizar posteriormente en un videojuego orientado en la famosa serie, donde podrían participar como jugadores y acceder a un premio en esa misma divisa. La premisa con la que aparecieron, rápidamente llamó la atención de muchas personas, y aunque su página web oficial provocaba cierta desconfianza debido a las faltas de ortografía que poseía, no fueron pocos quienes de forma precipitada, optaron por invertir en esta criptodivisa.
Aunque dicha moneda salió al mercado a un precio ligeramente superior que una centésima de dólar, la fiebre generada por la triunfante serie de Netflix provocó que en menos de una semana, ascendiera hasta los 37,75 dólares por unidad. Es decir, experimentó un crecimiento del 40.000%. Pero algo no iba bien del todo. Algunos usuarios se percataron (aunque de manera tardía), que aunque la página web oficial del “SQUID”, permitía adquirir esa divisa, no ocurría lo mismo con la opción de su venta, algo bastante a tener en cuenta en un mercado virtual.
Días más tarde, se destaparía la tortilla, cuando los creadores de la criptomoneda intercambiaron la totalidad de los “SQUID” por dinero real, provocando un absoluto desplome del valor económico de la divisa, y desapareciendo del plano público con la poco discreta cantidad de 2,5 millones de dólares.
Simplemente por compartir el nexo del nombre con la serie original, y sin realmente tener nada que ver con la productora oficial de la serie, esta estafa virtual se suma a muchas otras, que aprovechan el desconocimiento y la precipitación que existe en el mercado de criptodivisa, para inflar el precio de una recién creada criptomoneda de trayectoria prometedora, que no resulta ser otra cosa que un cebo, el cual sus creadores recogen cuando está suficientemente hinchado. Algo parecido ocurrió recientemente con la criptodivisa Podemos.finance, que sin tener nada que ver con el partido político con el que comparte nombre, se agenció sus mismas banderas e ideales, para generar una subida en el mercado que a los pocos días se desvelaría como otra nueva estafa de criptodivisas.