Carta electoral: Podemos

PODEMOS
Realizamos un breve análisis sobre todas las cartas electorales que recibimos en nuestro domicilios.

En medio de esta avalancha de amenazas de muerte en forma de cartas y munición, los últimos días de la campaña electoral están llegando a su fin, y aún continuamos recibiendo cartas propagandísticas en nuestros domicilios, así que hoy vamos a analizar la cuarta carta que hemos recibido, la de Podemos.


Si ya me había parecido bañarme en una piscina de populismo mientras leía la carta de VOX, lo que me he encontrado con la carta de la formación morada ha sido de traca. La mitad de la carta comienza con la siguiente entrada, “No hace falta dedicar esta carta a hablar de…”, pero parece que, si estas dedicando la mitad de tu propaganda a mencionarlo, en realidad si que te está haciendo falta.


Durante la segunda mitad, podemos leer una buena cantidad de mentiras descaradas, empezando por su propio lema, “que hable la mayoría” sobre todo si tenemos en cuenta que esa mayoría en realidad resulta apoyar a un partido bastante opuesto, como es el PP, tal y como han demostrado numerosos sondeos realizados por diversos medios. Poco después, remarcan en negrita otra de las frases que casi me provocan una carcajada, “solo se les escucha a ellos”, como si el partido morado pudiese presumir en algún momento de toda su historia como partido de haber actuado de forma moderada o silenciosa.


Para terminar, optan por las clásicas menciones a los partidos rivales, para tratar de emponzoñar un poco más el panorama político actual, puesto que siempre será mucho más fácil descatalogar a un enemigo, que defender unos valores propios.


Tras contemplar el dibujo con el que adornan dicha carta con un poco de color, me quedo con la vacía sensación de seguir en el mismo punto que cuando comencé a leerla, pues entre todo el humo y el decorado, cuesta encontrar unas propuestas o ideas de las que otras cartas si hacían mención. En cambio, es mucho más fácil publicar un discurso populista con la pretensión de encender las emociones de los lectores, y que, movidos por un arrebato de sentimentalismo, acaben dejando el raciocinio en el baúl de los recuerdos olvidados.