El debate a seis se convierte en otro duelo más entre derecha e izquierda

Debate

Cada día que pasa estamos más cerca de las elecciones por la presidencia de la Comunidad de Madrid, y en el día de ayer, se produjo el reconocido debate electoral en el que los seis principales candidatos por la presidencia intentaron convencer a ese sector de indecisos que tan fundamental puede llegar a ser el día de las elecciones. Sin mucho más preludio, vayamos a analizar directamente las actuaciones de cada uno de los candidatos durante el debate:

- Angel Gabilondo (PSOE): Sin duda alguna, el peor del debate, aunque es algo que tampoco me sorprende demasiado. Desde el primer momento ha aparecido completamente descentrado y nervioso, llegando a fallarle la voz en varias ocasiones. Ha adoptado una postura muy sensible respecto a las desgracias de los españoles, generando una imagen de buena persona, aunque revelando también cierta fragilidad. Además, ha tenido que soportar una y otra vez los embistes dirigidos contra Pedro Sánchez que se quedaban clavados en un candidato sin voz para defenderse.

- Edmundo Bal (Ciudadanos): Pese a la mala posición de la que partía el candidato, ha sabido moverse dentro de los números que los sondeos le pronostican. Desde el primer minuto ha comenzado caminando hacia la derecha, ofreciéndose como el candidato para ocupar la silla pequeña al lado de Ayuso. Durante el debate, ha demostrado un buen dominio del lenguaje corporal, haciendo un uso constante de movimientos con la intención de reforzar sus palabras.

- Isabel Ayuso (PP): La actual presidenta de la Comunidad no ha desempeñado un papel muy acertado. Aún a sabiendas de que iba a ser el foco principal de los ataques de la izquierda, ha entrado varias veces en duelos individuales que ha terminado zanjando con algún calificativo despectivo hacia su rival. Además, durante algunas de sus interpelaciones, ha demostrado una ausencia de empatía que puede llegar a pasarle factura. Aunque se ha mostrado firme y con una actitud férrea, no ha sabido enfocar un debate como figura predominante.

- Mónica García (Más Madrid): La candidata por este partido recientemente creado, ha demostrado el respeto y la educación de la que los demás candidatos han escaseado. Hablando casi sin interrumpir, ha sabido orientar su discurso hacia una emisión de propuestas de su partido político. Su presentación como parte del personal sanitario ha reforzado sus argumentos, ya que el tema de la sanidad ha tenido un gran peso durante la apertura del debate. Si tuviera que señalar a un ganador, sería Mónica García, pese que no ha sabido aprovechar el importante y decisivo minuto de oro.

- Pablo Iglesias (Podemos): Sin lugar a dudas ha sido el candidato que más me ha sorprendido. Acostumbrado a verle liderar los debates con un derroche de carisma y su excelente gestión de la palabra, su actuación durante la pasada noche ha sido cuanto menos floja. Centrado en atacar a Isabel Ayuso, y con una verborrea de cifras que ha vomitado durante su turno de palabra, perdiendo cada vez más la atención del espectador, ha resultado bastante decepcionante en comparación con otros pasados debates. Algo curioso ha sido verle repetir durante su minuto de oro el famoso “no olviden”.

- Rocío Monasterio (VOX): La candidata de la formación verde ha permanecido durante la totalidad del debate en una actitud completamente a la ofensiva, comenzando todos sus turnos de palabra con interrupciones a otros candidatos. No ha dudado en abordar los temas más polémicos, intentando plasmar la actitud de valentía de la que su partido suele alardear. Actuando como escudera de Ayuso ante las acometidas de la izquierda, se ha apoyado frecuentemente en el populismo y el sarcasmo como principal característica de su discurso.

Finalmente, y como conclusión del debate, no ha habido un candidato que haya destacado notablemente entre los demás, sobretodo en el momento en el que dicho debate se ha tornado en un duelo en el que Gabilondo, Mónica e Iglesias se han enfrentado contra Ayuso, Edmundo y Monasterio. Algo bastante poco acertado, teniendo en cuenta la complejidad que supone robar votantes de los partidos opuestos, y olvidando centrarse en los votantes indecisos de los partidos más afines. Por eso mismo creo que, a título personal, este debate no va a tener apenas repercusión alguna sobre las elecciones venideras.