La acción del progresismo

Progreso

En la actualidad, existen dos corrientes ideológicas que tienen una enorme presencia, y de las cuales queremos hablar hoy. Se trata del conservadurismo y del progresismo. La primera de ellas consiste en la fidelidad hacia los modelos tradicionales y las costumbres a las que ya se ha habituado la sociedad, asumiendo que si se han mantenido a lo largo de los años es porque merece la pena continuarlas. Por el contrario, el progresismo opta por cuestionar estas costumbres y tradiciones, teniendo en cuenta la situación que refleja la sociedad actual, para comprobar si su uso es adecuado, o si se tratan de acciones fuera de lugar y desacompasadas. Pero para entenderlo mejor, vamos a analizar algunas de las acciones en las que el progresismo ha dejado su huella.

Uno de los casos más claros, viene de la costumbre de que los recién nacidos que se incorporan a una familia sean nominados con exactamente el mismo nombre que el padre o el abuelo, generando una tradición, que aunque tiene la intención de hacer que dicho nombre ligado al recuerdo del antepasado permanezca en el núcleo familiar, acaba desembocando en una situación verdaderamente poco práctica, ya que dos personas que comparten nombre en el mismo entorno suelen acabar por utilizar diminutivos o sufijos como “ito” o “ete” para generar una diferenciación entre ambos individuos. Esta es una de las costumbres que hemos podido ver en decrecimiento, ya que el control que tienen las antiguas generaciones sobre las nuevas es menor, lo cual permite una mayor libertad a la hora de escoger el nombre del neonato.

Otra de las tradiciones que vamos a repasar, es el acto de dar varios besos durante el saludo (y digo varios ya que en algunos países se dan tres en lugar de dos). Esta costumbre de origen romano, y posteriormente adoptada por el cristianismo, se ha mantenido implantada en la sociedad, por una buena cantidad de años, y aunque el Covid ha provocado un enorme enfriamiento de este tipo de actividades afectuosas y cercanas, en los últimos días estamos comprobando como poco a poco se restablece la normalidad, volviendo a recuperar esos besos perdidos. Pero el progresismo ha focalizado este tema replanteando su utilidad, debido a la actual corriente de progresismo feminista que establece este saludo como una brecha de género entre hombres y mujeres, y que solicita el cambio por el clásico apretón de manos, que además de perder el componente del afecto, adquiere un término más formal.

La mentalidad del ser humano ha provocado que con el tiempo, muchas otras costumbres acaben desapareciendo por completo, como el acto de escupir supersticiosamente al suelo cada vez que escuchamos una mala noticia, o el hecho de que cada vez que nos desplazamos en vehículo hasta el hogar de otra persona, aparquemos y nos personemos en la propia casa para recogerla. Aunque en estos dos casos en concreto, es sencillo comprender que han desaparecido debido a cuestiones de higiene y funcionalidad.

Además, el progresismo no afecta solamente a las costumbres de la sociedad, pues ya sabemos que tiene una gran cabida en el ámbito político e institucional, donde aboga por realizar una prácticamente constante evolución de las leyes de acorde a las situaciones que experimentamos en la actualidad, abarcando diversos temas como puede ser la utilidad de la casa real española, o la redundancia de políticos y consejeros.

Personalmente, considero que el progreso es totalmente necesario. Asumir que una costumbre o tradición es correcta en los tiempos que corren simplemente por el hecho de que se haya mantenido a lo largo de los años, es todo un error. Ya que el contexto y la situación a la que tenemos que enfrentarnos día a día tiene que saber adaptarse de manera práctica a las todos aquellos acontecimientos que de manera inesperada pasan a ser parte de nuestras vidas, como podría ser el caso de las nuevas tecnologías. Pero este progresismo del que hablo debe ser eficiente, responsable y moderado, ya que un progresismo que se aplica sin control alguno, resulta por acabar generando un caos y un conflicto que pueden alcanzar males peores que a los que se hubiera llegado manteniendo las costumbres y tradiciones.

Por eso mismo, me gusta mucho hacer referencia a la que considero que es la mejor obra de Pío Baroja, y que genera una gran reflexión en la siguiente frase: “Comed del árbol de la vida, sed felices y revolcaos en vuestra ignorancia, pero no comáis del árbol de la ciencia, porque os creará una tendencia a mejorar que os acabará destruyendo”.