El auténtico lenguaje inclusivo
Actualmente, existe una exageración de temáticas polémicas que dividen a la población según su punto de vista, y una de las más escuchadas durante los últimos años conecta directamente con el tema del feminismo, pues esta vez venimos a hacer alusión al lenguaje inclusivo. Pero antes de nada, ¿Qué es el lenguaje inclusivo? (Por si alguien no hay salido de su cueva y esto le viene sonando a chino). Entendemos por lenguaje inclusivo, la manera de expresarse sin discriminar a un sexo, género social o identidad de género en particular. O lo que viene a ser lo mismo, extraer el género de cada palabra transformando así términos como “Chica” o “Chico” para convertirlo en “Chique”, un término neutro.
Bueno, puestos ya en sendero, venimos a comentar el acontecimiento que ha sucedido en Colombia, pues personalmente, creo que vale la pena destacarlo. Y es que, según afirman varios medios de comunicación, la profesora Vanessa Cárdenas de la Universidad de los Andes, no ha dudado en suspender con la calificación de un 1, a una alumna que le hizo entrega de un trabajo escrito formulado con lenguaje inclusivo. Algo que además, tiene total potestad para hacer teniendo en cuenta que muchas ciudades iberoamericanas han prohibido el lenguaje inclusivo en los centros escolares a través de una ordenanza pública.
Obviamente, y más aún en el punto en el que se encuentra la sociedad hoy día, la decisión de Vanessa Cárdenas ha sido cuanto menos cuestionada, aunque por supuesto, también respaldada. De hecho, la propia RAE se ha pronunciado en pro de esta postura, alegando que: “El uso de la letra “e” como supuesta marca de género inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario, pues el masculino gramatical (chicos) ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de género”. Pero resulta que la RAE no son los únicos en desprestigiar esta forma de lenguaje, sino que diversos países como Uruguay, Agentina, Chile o incluso Francia ya han puesto en marcha varias medidas que prohíben la utilización de la escritura inclusiva en los centros educativos (mientras que en España, diversos partidos políticos tratan de acuñarlo como bandera).
Por su parte, y aquí es donde personalmente quisiera aplaudir la actitud adoptada por la profesora Vanessa Cárdenas, ha alegado que para llevar a cabo la recuperación del trabajo suspenso por haber hecho uso del lenguaje inclusivo, la alumna tendrá que realizar una exposición en lengua de señas, “para que aprenda lo que es la verdadera inclusión”. Y es que no le falta ninguna razón, porque si todos los esfuerzos que se realizan hoy día en promocionar y extender mecánicas absurdas como el lenguaje inclusivo, se volcaran en educar a la población en el aprendizaje de la lengua de signos, podríamos afirmar con la boca llena, que estaríamos haciendo del mundo un lugar mejor.
Desde luego que Vanessa Cárdenas, tiene todo mi respeto, como docente y como persona.