La hipocresía del aplauso

Aplauso

Según informó el gobierno, la vacunación contra el Covid empezaría el 27 de diciembre, pero tuvo que retrasarse hasta el 29 debido a un retraso en el primer envío de dosis, algo que debo reconocer que casi ni me pilla por sorpresa. Pero con el año nuevo comenzaron las vacunaciones, y la esperanza de poder pasar página respecto a todo lo que hemos vivido en el último año.

Diez días más tarde de que comenzara la vacunación, podemos comprobar que el porcentaje de vacunas que han efectuado algunas comunidades está bastante lejos de alcanzar las cifras que el gobierno había prometido, (otra noticia que no me sorprende en nada), e incluso podemos reconocer que ninguna ha cumplido el cupo a día de hoy. Las provincias que peor resultado están ofreciendo son Extremadura, con un 21,8% de dosis administradas, Cantabria, que se queda en el 19,7%, y finalmente Madrid, que tristemente solo cubre un 14, 3%. El motivo por el que el proceso de vacunación está sufriendo tanto retraso, va directamente relacionado con las fechas con las que ha coincidido, debido a que gran parte del personal sanitario está disfrutando sus vacaciones de Navidad, como les corresponde.

Y es aquí donde me ha surgido el malestar, pues en los últimos días he tenido que escuchar varias veces el comentario de “Pues que se quiten las vacaciones, que lo importante es vacunar a la gente”. Después de que los sanitarios hayan tenido que pasar por el esfuerzo que han tenido que hacer, agravado una y otra vez por la irresponsabilidad de la población, que reitera las acciones de riesgo en el contagio del virus, les exigimos, desde la comodidad de nuestras casas, que acudan a sus puestos de trabajo para realizar su función, como si de máquinas se tratasen. Además, todas las personas a las que les he oído la funesta frase, fueron de los que no faltaron un solo día en su balcón o ventana para realizar el famoso aplauso del confinamiento.

Lo cual me lleva a pensar en la inmensa hipocresía que llevaba ese aplauso. Un aplauso vacío, cuyo objetivo final era el de saciar el ego de las personas que, desde sus casas, tenían la necesidad de sentir que estaban participando en la construcción de un mundo mejor. El aplauso en realidad no tenía más protagonista que las propias personas que lo hicieron, puesto que la mejor manera de recompensar a los sanitarios no tiene nada que ver con gastar dos minutos de tu vida en tu balcón o ventana, sino en actuar de forma consecuente y responsable respecto de las circunstancias actuales, lo cual desembocaría en una reducción de los contagios, y, por consiguiente, en un alivio laboral al sector sanitario.

Por último, con las críticas a Isabel Díaz Ayuso por acudir a la Cruz Roja como soporte sanitario para el proceso de vacunación, se demuestra una vez más que nos importa más el conflicto político que el propio progreso de las vacunas. Utilizando la palabra “Privatización” como estandarte de guerra y cargando contra el negligente gobierno de la Comunidad de Madrid, que, aunque ha demostrado numerosas veces una gestión errónea y poco eficiente, solo está acudiendo al método más rápido y directo de suministrar las vacunas a la población. Pero por supuesto, en los titulares de los medios de comunicación, todos ellos de escasa imparcialidad, solo podremos encontrar alabanzas o insultos hacia el gobierno madrileño, omitiendo en todo momento el refuerzo en personal sanitario de forma directa que supone la participación de la Cruz roja, puesto que haber realizado la misma inversión en sanidad pública exigiría más tiempo para poner en marcha equipos que no están operativos, y teniendo en cuenta que hablamos de un contrato hasta fin de obra, que no soluciona la vida a nadie.