Terrazas a contrarreloj ¿Una medida justa?

Terraza portada

Hace algún tiempo, creo que más o menos un año atrás, ya me crucé con la curiosa imagen de ver un cartel que limitaba el tiempo de consumo de los clientes en la terraza de un bar. Decía algo así como “30 minutos de tiempo por consumición”. No le di muchas vueltas al tema, pues me pareció que simplemente trataba del afán recaudatorio del dueño del local, capaz de perseguir a los clientes con un cronómetro en la mano. Pero un año más tarde, este sistema se ha ido implementando en cada vez más negocios de las grandes ciudades como Madrid o Barcelona, por lo que creo que va siendo el momento de abordarlo.

Desde el primer momento, debo decir que me parece una medida exagerada y que se está implantando de una forma injusta. Limitar el tiempo de un cliente en la terraza en pos del número de consumiciones que esté tomando resulta incómodo para este mismo, además de generar una imagen de crematomanía por parte del local en cuestión. Esta medida no secciona entre tipos de consumiciones, permitiendo el mismo tiempo de consumo a un cliente que se está tomando un botellín, que a uno que ha decidido pedirse una jarra de cerveza. Y vuelvo a repetir, que al menos yo, no me siento en una terraza para tomar algo tranquilamente si tengo que estar comprobando en mi reloj, si llevo un correcto ritmo de consumición en cuanto a la bebida solicitada.

Rompiendo una lanza por los bares castellanos, debo reconocer que más de una vez he visto a algún cliente que ha realizado un uso abusivo de una mesa de terraza. Por poner un ejemplo, una señora que permaneció durante 4 horas en la terraza de un bar, acompañada solamente por su perro y con un café como una consumición a su cuenta. Pero creo que para estos casos, más que imponer un cartel que te dispone a un horario, es el propio bar o restaurante quien debería, haciendo uso del sentido común, y siempre con la educación por delante, informar al improductivo cliente que si no va a consumir nada más, debería abandonar la terraza (siempre y cuando esté llena, porque si no, te viene dando bastante igual, la verdad).

Es decir, conozco bastante bien la cultura de bar, o al menos desde el lado del cliente, y debo reconocer que las personas que apenas consumen pero sí que ocupan mesas por tiempos no correspondientes a su gasto son un problema, pero implantar un reloj a cada mesa para estar persiguiendo al cliente me parece hacer que paguen justos por pecadores. En este tipo de situaciones, lo más adecuado sería instar al servicio de camareros a que utilicen el sentido común, dándoles la capacidad de intervenir en aquellas situaciones donde realmente se está produciendo este desaprovechamiento de mesa.

Por otro lado, también hay otros bares y negocios que están implantando otro tipo de medidas de selección. Un ejemplo de ello son aquellos locales que reservan las mesas a partir de cierta hora, exclusivamente para clientes que vayan a solicitar un servicio de cena, u otros que incluso niegan el acceso a la mesa si no alcanzan un mínimo de tres personas.

En cuanto a la primera medida, que reserva mesas con exclusividad para el servicio de cenas, me parece bastante correcto, pues al fin y al cabo se trata de un negocio, y es obvio que sus ganancias serán mayores en ese tipo de clientes. Pero cabe recalcar que esto debe ser avisado con anterioridad a quienes vayan a hacer uso de estas mesas durante las horas anteriores, pues a mí me han llegado a levantar de una mesa así, sin previo aviso, y la verdad es que me sentó bastante mal.

Por último, refiriendo a los negocios que niegan la mesa a clientes que no llegan a formar al menos un grupo de tres personas, me parece totalmente ridículo. En primer lugar porque si me hacen un feo de tal calibre, probablemente no vuelva a acudir a ese local, y en segundo, porque puedo asegurar que dos personas de buen beber, pueden llegar a consumir mucho más que un grupo de tres personas que solo tomen un café.

Lo dicho, como deberían casi todas las cosas hoy en día, más sentido común y menos castigo para todos, que al final pagan justos por pecadores.

Café y pincho