El test de antígenos, las dos caras de la moneda

Desde que se recibe una llamada de un paciente con síntomas hasta que se realiza una prueba diagnóstica (véase PCR o test de antígenos) suceden muchos pasos. Hoy os vamos a relatar las dos caras de la moneda, desde el punto de vista profesional y desde el del paciente.

El test de antígenos, las dos caras de la moneda
Test de antígenos
Test de antígenos

Hay que resaltar que cada Centro de Salud funciona de una manera diferente, y yo os voy a dar el punto de vista desde mi puesto de trabajo. Sé que este no es igual en todos los centros y que hay diferencias en la atención de un servicio a otro servicio.

Existen dos maneras de que llegue el paciente y que empiece a correr el reloj de la atención sanitaria. Puede llamar por teléfono (aunque parezca mentira se cogen muchas llamadas pero no existe el profesional ni las líneas suficientes para abarcar todas estas llamadas que llegan) o pueden venir al centro por sus propios medios.

Si llaman por teléfono, se les da una cita para que nos pongamos en contacto, los profesionales, con ellos. Según las características de los síntomas que padecen se les dará una cita presencial para valorar en profundidad toda la sintomatología que nos comenta o directamente una prueba diagnóstica. Hay que decir que mucha sintomatología leve se puede manejar con una valoración telefónica que agiliza la atención, pero yo soy partidario de una mayor valoración presencial ya que muchos de estos síntomas necesitan de auscultación y esas cosas que nos gustan a los sanitarios, pero eso depende de protocolos y profesionales individuales. Esta primera valoración no debe pasar de las 24h para aumentar la capacidad de diagnóstico y detección de casos.

Si acuden al centro, según la valoración del personal que se encuentra en la puerta del centro, se dará una cita presencial o telefónica. Aquí subrayo la diferencia en cada uno de los centros, siendo claro la poca uniformidad en la actuación de todos los profesionales de los diferentes centros, algo que solo desde arriba se podría manejar pero ya sabemos cómo funciona esto.

Llegados a la hora de la prueba diagnóstica, tenemos dos opciones: si los síntomas llevan menos de 4 días se optará por un Test de Antígeno, si son más una PCR. Todas las valoraciones presenciales por parte del médico llevarán una de estas pruebas para confirmar casos y detectarlos a tiempo antes de que se produzca el contagio a otros grupos de convivencia. En caso de la PCR tardará en torno 24-72h, dependiendo de la recogida de las muestras para llevarlas al laboratorio (normalmente las muestras se retiran al día siguiente para llevarlas a laboratorio, excepto los viernes que se hace en ese mismo día). En caso del Test de Antígeno deberemos esperar o en la sala de espera o en un lugar preparado por el centro los minutos pertinentes para conocer el resultado. El fabricante nos indica 15 minutos de espera pero en unos minutos desde que se realiza podemos ver un resultado claro aunque siempre es recomendable esperar esos minutos. Sabiendo el resultado se nos explicará el tema de aislamiento pero eso es otro cantar.

Breve inciso, los Test de Antígeno en caso asintomático fallan más que una escopeta de feria y tampoco podemos confiarnos si este da negativo.

Y analizado ya el procedimiento, vamos a relatar la experiencia desde el punto de vista del paciente, pues recientemente he tenido que acudir a mi centro de salud para la realización de una prueba de detección del Covid.

Durante los últimos días, he empezado a desarrollar síntomas que, si bien parecen los típicos de un resfriado común, también van ligados del Coronavirus. Al cuarto día, y tras pasar una horrible noche de las que tienes que acabar durmiendo sentado porque la congestión te imposibilita la labor de respirar, opté por ponerme en contacto con mi centro de salud para ver que me decían, ya que empecé a volverme un poco paranoico, no solo por mí, sino por las personas con las que convivo y aquellas con las que trabajo. Como de costumbre, el sistema que utilicé fue la petición de cita vía web, ya que las líneas telefónicas suelen estar colapsadas, y conseguí una cita para la tarde del día siguiente. Como ya soy perro viejo con el sistema de citas online, tres horas después accedí de nuevo a la web para seleccionar la opción de cambiar la cita, y efectivamente, había aparecido un nuevo hueco ese mismo día por la tarde, que rápidamente quedó cerrado a mi nombre. Para sorpresa mía, no tuve que esperar a la tarde, pues una hora después recibía la llamada de mi centro de salud. Me hicieron una ráfaga de preguntas prototipo: ¿Qué síntomas tienes?,¿Desde cuando tienes los síntomas?,¿Has estado en contacto con algún positivo?, para finalmente, acabar dándome una cita a la mañana siguiente con la intención de realizarme una prueba.

Tras despertarme, ducharme y desayunar, acudí al centro de salud 10 minutos antes de la hora establecida, por protocolo de educación, pero al llegar allí me encontré con una cola de al menos 10 personas esperando en la calle, guardando la distancia de seguridad entre ellas, así que, como quien llega a la charcutería, pregunté por quién daba la vez y tomé mi posición. Ya en la cola, el hombre que tenía delante resultó ser bastante hablador, o al menos estar muy aburrido, pues no tardó en iniciar una conversación conmigo en la que me contaba indignado lo mal que funcionaba el sistema sanitario mientras repetía una y otra vez que ese fin se semana tenía cosas que hacer (Mientras me hablaba no podía parar de imaginarle aplaudiendo desde su balcón de manera heroica). Entre frase y frase de mi poco deseado nuevo amigo, veo que las personas que llegan al centro de salud, se encuentran bastante indecisas respecto a cómo deben actuar. Si bien es cierto que hay una enfermera que sale de vez en cuando a la calle a realizar gestiones con la gente que espera en la cola, no se la ve mucho rato, y se escuchan las mismas preguntas una y otra vez: ¿Esta cola para qué es?, ¿Hay que pasar o esperar fuera? Lo cual genera nuevas conversaciones en las que me entero de que todos los que estamos esperando en la cola, estamos citados a la misma hora.

Tras 30 minutos de esperar mi turno en la fría calle, accedo al centro de salud, donde me entregan una mascarilla quirúrgica para colocarla sobre la mía (algo lógico conociendo la eficiencia de algunas de las mascarillas que utiliza la gente). Tras esto, me indican que vaya hacia una zona acordonada y diferenciada bajo el cartel Zona Covid, donde espero a que me llamen a consulta. De forma casi inmediata, una enfermera me invita a acceder a la sala donde tras tomar mis datos, me bajan ligeramente las dos mascarillas y proceden a perforarme la nariz con el palo detector. Me sorprende que la enfermera no se ría al ver mi cara arrugada cuando empieza a dar vueltas al palo casi a la altura de mi cerebro, y en cuanto lo saca de mi congestionada nariz, el ojo correspondiente a ese lado de la cara comienza a llorar haciéndome sentir como un niño pequeño. Mientras la enfermera realiza sus respectivas labores, en las que la veo verter unas gotas sobre un diminuto recipiente, un hombre vestido de calle y con una mascarilla como única medida de seguridad asoma por una de las puertas y pregunta si es ahí donde realizan analíticas. La enfermera, con una mezcla de sorpresa y cabreo, informa al hombre de que no es así, y que no debería de haber accedido siquiera a esa zona, para segundos después, continuar con sus labores, e indicarme que espere fuera a que tengan los resultados. Así que, regreso a la Zona Covid, donde me siento y busco mi móvil con la intención de amenizarme la espera leyendo la sección de noticias. Apenas transcurridos 4 minutos, la misma enfermera se asoma desde el marco de la puerta, para decir mi nombre, y tras haber captado mi atención, me susurra desde tres metros de distancia y mientras se tapa la boca lateralmente con la intención de ser lo más discreta posible, las palabras que yo esperaba escuchar, negativo, e inmediatamente vuelve a su sala a continuar realizando otra nueva prueba de antígenos, por lo que, tras recoger mi justificante médico en recepción, puedo volver a mi puesto de trabajo, a continuar con mis respectivas funciones.

Por supuesto, ahora puedo estar tranquilo, ya que me han realizado una prueba que tiene un 54,5% de eficiencia en asintomáticos, que, aunque no sea mi caso, es un dato a tener en cuenta.

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