“Digitus impudicus” o la historia de la peineta

“Digitus impudicus” o la historia de la peineta
Stjepan Hauser 2CELLOS
Stjepan Hauser 2CELLOS

Cenando con mis padres una pizza margarita cuyo borde, fino y crujiente, estallaba como hojaldre que se ha dejado sin tapar un par de días; explicaba por qué no había disfrutado del concierto.

Barriendo con el canto de la mano las migas de mi regazo y echándoselas a mi hermano, demasiado concentrado en confeccionar una acusación lo suficientemente hostil para ser propia de él, yo escuchaba con incredulidad. Con vergüenza.

- No puedes decir que desafinan. ¿Acaso tú sabes más de música que ellos? Tú nunca podrás tocar así.

Diablos, claro que no. Yo nunca podré tocar así. Pero ese “hombre de paja” que se acababa de sacar mi hermano del bolsillo no tenía nada que ver con mi tesis. Stjepan Hauser, uno de los componentes del grupo al que fuimos a ver: 2CELLOS; fue un niño prodigio del violonchelo ganando el primer puesto en hasta veinte ocasiones en competiciones de música clásica para jóvenes artistas. Y cuando no se ha metido medio pollo de farlopa tiene un tempo espeso y contundente como un cocido de abuela. Me parece que se mueve en ese resbaladizo limbo que frena el refinamiento antes de llegar al apasionamiento ridículo pero suficiente como para que no parezca que le importa tres cojones.

Y, sin embargo, yo vi como aquello se la sudaba. Bien cerca, además, porque mis padres pagaron una entrada de ciento cincuenta euros.

No quería entrar en debate acerca del significado de los enigmáticos matices de la interpretación de Hauser porque es un cipote tremendo, y no íbamos a llegar a nada, después de todo qué sé yo de música. Con que se fijaran en sus gestos y sus acciones verían a qué me refería, qué era lo que me molestaba tanto. En uno de ellos, en concreto.

- Él es así de extravagante - respondieron cuando les enseñé la foto - siempre está bromeando.

Admito a regañadientes la coherencia, es cierto que la narrativa encaja. El hilo conductor de las versiones escogidas era el Rock`n Roll.

De manera que cuando el tipo nos hacía una peineta con la mano del mástil, y nos la volvía a hacer otra vez, y otra, y otra… Se supone que eso entraba dentro de la idiosincrasia del movimiento. Cada una de las diecisiete veces.

17/09/2022 - WeZink Center (Madrid) -  2CELLOS World Tour. Fuente: Alejandro Úbeda.
17/09/2022 - WeZink Center (Madrid) - 2CELLOS World Tour. Fuente: Alejandro Úbeda.

Volvimos a casa. Y encendí el portátil para confirmar hasta qué punto Hauser sólo bromeaba. Descubrí que la gente lleva haciendo el gesto de sacar el dedo dos mil quinientos años, casi siempre con intenciones parecidas.

Se atribuye su origen a Diógenes de Sinope (el Cínico) quién al escuchar mencionar a Demóstenes en una conversación cercana, sacó el dedo del medio y exclamó “Ahí va el demagogo de Atenas”.

En la sociedad griega, aquél era un símbolo fálico, el katapygon, por su parecido con el pene (dedos índice y anular componen fielmente la zona testicular). La primera vez que aparece recogido este gesto es en la comedia “Las Nubes” de Aristófanes. En cierto momento de la obra Sócrates pregunta al viejo campesino Estrepsíades si sabe lo que es un “dáctilo” (composición métrica de una sílaba larga seguida de dos cortas):

- ¡Claro que lo sé Sócrates! - contesta Estrepsíades al tiempo que le hace una peineta al filósofo.

Durante el imperio romano se rebautizó como “digitus impudicus aunque el significado no varió y seguía siendo una referencia al sexo anal. Calígula, según cuenta Suetonio en “Vidas los doce césares” hacía besar, precisamente, éste mismo dedo a Casio Querea, como parte de sus burlas al afeminado representante del tribuno.

Durante la batalla de Azincourt en 1415, cuenta la leyenda que los soldados franceses cercenaban el dedo corazón de los arqueros ingleses que capturaban para que no pudieran disparar sus flechas. Tras lo que vitoreaban: “pluck yew”, que se puede traducir como arrancar el arco a alguien. Las variaciones fonéticas posteriores harían que se acabase transformando en “fuck you”. Aunque divertida, no hay suficientes evidencias que soportan la teoría, y las contradicciones tanto históricas como lingüísticas de los acontecimientos hacen levantar muchas cejas y la teoría es considerada falsa.

El gesto viajó a Norte América y se extendió rápidamente. Tanto es así que, en 1886, durante el partido que dio comienzo a la liga de béisbol, se tomó la primera fotografía, que se conoce, de este gesto. En Nueva York los Boston Beaneaters se enfrentaban a los New York Giants. Allí Charles Radbourn, con mirada impasible y gesto adusto, compone una compacta peineta.

29/04/1886 - Nueva York. Charles Radbourn flipping the bird - Fuente: F.L Howe (fotógrafo).
29/04/1886 - Nueva York. Charles Radbourn flipping the bird - Fuente: F.L Howe (fotógrafo).

Casi cien años después, en 1969 durante su concierto en San Quintín, el fotógrafo Jim Marshall le pidió a Johnny Cash una foto para las autoridades de dicha prisión.

14/02/1996 - St Quentin. Johnny Cash “John, let’s do a shot for the warden” - Fuente: Jim Marshall.
14/02/1996 - St Quentin. Johnny Cash “John, let’s do a shot for the warden” - Fuente: Jim Marshall.

Rick Rubin, su productor, recuperó la foto en 1998. Compró un anuncio a toda página en Billboard Magazine con el siguiente texto: “American Recordings y Johnny Cash quisieran agradecer al establecimiento de música y a la radio country de Nashville su apoyo”, a raíz de que estas cadenas no emitían ninguna de las canciones del álbum a pesar de haber ganado el Grammy al mejor disco Country del año. Fue entonces cuando esta fotografía se transformó en un icono recontextualizándose y convirtiéndose en un meme.

El Rock tiene sus orígenes en el Blues, el Rhythm and Blues y el Country; por lo que parece razonable asumir que los artistas de este género conocieran el símbolo y lo adoptaran ya que la peineta conjuga perfectamente la actitud incorregible, independiente y transgresora que articula su núcleo.

Volviendo a aquella noche, a la luz de lo recapitulado aquí, sigo sin encontrar consuelo, ni justificación, para la cantidad insultante de peinetas que nos sacó Hauser a las diecisiete mil personas que estábamos allí. Puede que no sea alguien original ni creativo y por eso repitió tanto una misma broma. Todas sus obras no dejan de ser versiones de otras canciones.

O puede que sea yo quién tenga el problema, que con treinta años pierdo el tiempo mirando en internet si tengo que sentirme ofendido.

A los diez años habría reaccionado diferente, estoy seguro.

14/07/2002 -Ciempozuelos (Madrid). Fuente: Leandro Úbeda.
14/07/2002 -Ciempozuelos (Madrid). Fuente: Leandro Úbeda.
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