Cuando las vacunas pisotean la ética

Cuando las vacunas pisotean la ética
VACUNAS
VACUNAS

Aún no hemos completado apenas un mes del nuevo año, y ya hemos podido contemplar varias muestras de carencia de ética por parte de varias personas y países. De cara a la galería vivimos en un mundo en el que todos somos buenos vecinos, donde ayudamos cuando podemos e intentamos progresar hacia una idílica utopía; pero a la hora de la verdad podemos comprobar como la corrupción va ligada con el poder, y que hasta que mi culo no esté bien a salvo, no pensaré en el tuyo.

Se supone que las vacunas serían la clave para poder frenar de una vez por todas a la pandemia que nos asola desde hace ya más de un año, y así parece estar resultando. Lástima que la mala organización y la avaricia de unos pocos con poder, sirvan de interferencia en el proyecto de salvar vidas.

El primer caso lo podemos contemplar en Reino Unido, donde se ha vacunado a más personas que Alemania, Italia, España y Francia juntas. Un país en el que se encuentran dos de los cuatro centros de producción de AstraZeneca, que no son capaces ni de aportar a la Unión Europea la mitad de las dosis que tenían acordadas desde un inicio, habiendo invertido esta misma, la enorme cantidad de 330 millones en el desarrollo de la vacuna, para que unos meses después se comporten como villanos de película. Según defiende Reino Unido, los dos centros de producción de AstraZeneca ubicados en la nación insular no exportarán vacuna alguna, al margen de que los otros dos centros restantes sean incapaces de cumplir con los pactos estipulados. Para colmo, la prensa del país se atreve a publicar titulares como “Wait your tourn!” (Esperad vuestro turno), haciendo acopio del egoísmo y la prepotencia que empieza a ser habitual en ellos.

Por otro lado, vemos como Israel obtiene una bajada masiva en los contagios, gracias a los efectos producidos por una vacunación masiva. Unos números que resultan sorprendentes mientras que el resto del mundo apenas recibe las dosis acordadas. Y como no podía ser de otra manera, descubrimos que Israel está pagando las dosis al triple de lo que las está pagando la Unión Europea. Con esto consiguen una reducción de las personas infectadas pudiendo reactivar de forma más férrea la economía interna del país, resultando beneficioso a largo plazo. La estrategia es buena, no se puede negar, pero tenemos que tener en cuenta que esas dosis que están recibiendo en Israel, no se están repartiendo en el resto de países, por lo que finalmente lo que tenemos es otra muestra del egoísmo que provoca los distanciamientos entre naciones.

Y, para terminar, esta vez no tenemos que irnos tan lejos, pues en España tenemos nuestro propio grupo de sinvergüenzas. Tal y como hemos escuchado durante la última semana, al menos 700 personas pertenecientes a las altas esferas (políticos, altos cargos, sindicalistas liberados, cúpula militar o iglesia), han sido vacunadas, aunque no pertenecen a los grupos de riesgo establecidos. Aunque la noticia ha salido a la luz, manchando la reputación de estas personas, solo una ínfima parte de ellas han dimitido o sido cesados, alegando escusas baratas como “Solo quería dar ejemplo” o “Eran dosis que se iban a tirar”, e incluso algunos, han obtenido su segunda dosis después de la difusión del escándalo, como es el caso de Sebastián Taltavull, el obispo de Mallorca, que a día de hoy pide disculpas, pero no se le ha ocurrido renunciar a la segunda dosis de la vacuna.

Durante la cuarentena escuché varias veces una frase: “De esta salimos mejores personas”. Casi un año más tarde, no me queda otra cosa que hacer que reírme de impotencia cada vez que lo recuerdo.

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