Florentino Pérez, la manipulación mediática llevada al extremo
Hace unos pocos días, un compañero de trabajo con el que suelo conversar sobre política me recomendaba ver uno de los episodios del podcast de Pablo Iglesias, titulado La Base, del cual ya había hablado anteriormente en Filofa haciendo referencia al hecho de que una persona tan activa políticamente como ha sido el ex líder del partido morado, se uniera a las filas de un periódico como Público. Que, aunque ya sabemos de qué pie cojea, iba a desbalancearse aún más gracias a este fichaje de última hora.
El episodio del que me hablaron, era el número 46, y su título hacía referencia a uno de los hombres más famosos de España, el empresario y presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. Durante los primeros minutos, Iglesias, junto a sus dos compañeros con los que comparte pantalla, detalla con precisión varias de las acciones que el famoso ex político español había realizado entre bambalinas. A partir del minuto 16, comienzan a emitir una buena cantidad de grabaciones de audio en las que se puede escuchar claramente a Florentino conversando sobre diversos temas, con una sinceridad y una crudeza apabullantes.
De entre todos esos audios, podemos extraer varios momentos tan violentos como estos: “(Inda) está de director por Antonio (Ferreras) y por mí, que presionamos a Pedro J.”, “Hay que ganar la batalla del Marca y de la televisión”, “El País no se porta mal”, “Tú le dices a Ferreras, haz esto que le puede joder a PRISA, y Ferreras, pum, lo hace”. Y sobre todo, estas dos últimas lapidarias frases que resumen bastante bien al empresario del que estamos hablando: “He metido ahí a un director que es de los nuestros, y no te preocupes que ese medio va a ir bien” , “Con Marca y toda la TVE, se acabó todo, no me va a toser nadie”.
Esta ristra de declaraciones, y muchas otras más que he dejado fuera porque sería necesario explicar el contexto, y me acabaría extendiendo demasiado, me producen una incómoda sensación que entremezcla la impotencia y el miedo. Durante esta misma semana, he buscado varias veces el nombre de Florentino Pérez en la sección de noticias de Google, y ni un solo medio de comunicación dejaba entrever el mínimo comentario relevante sobre el tema, centrándose exclusivamente en derivas futboleras, aun a sabiendas de la excelente recopilación de audios que han realizado desde La Base.
Francamente, cuando reflexiono sobre la idea de que existen personalidades en este mundo, capaces de silenciar a los medios de comunicación con una rotundidad tan inquebrantable, me provoca pánico pensar en la sociedad en la que vivimos. Si ni siquiera el rey de España ha podido acallar los rumores que le rodearon en su día, significa que estamos hablando de una persona que en términos de poder, está muy por encima de él, y estoy seguro de que Florentino no es el único que mueve los hilos desde las sombras con una repercusión tan voluminosa. Esto también nos sirve para denunciar una vez más, la manipulación mediática con la que tenemos que convivir día tras día, que nos ofrece “verdades a medias” mientras tapa todo aquello que no les interesa filtrar a la población, controlando lo que consumimos mediante programas de tertulia política orquestados por los caudillos del engaño.
Por último, no me gustaría cerrar el artículo sin antes felicitar a Pablo Iglesias por su labor periodística. La verdad es que cuando recibí la noticia de su contrato con el diario Público, y especialmente, conociendo la forma de ser de este peculiar ex político, esperaba que La Base sería otra herramienta más que se sumaría al sistema de la propaganda periodística, que disfraza las estrategias políticas bajo la forma de noticias, con el fin de persuadir a la población. Pero para sorpresa mía, ha demostrado tener un rigor periodístico digno de admiración, que me provoca la curiosidad por dedicar algo de mi tiempo a escuchar este programa, alguna que otra vez más.
Al menos, me cabe la tranquilidad que desde Filofa, aunque solo lleguemos a 20, 30 o 50 personas a lo sumo, tenemos plena libertad de poder hablar con sinceridad y objetividad, ofreciendo la información de la manera menos deformada, dejando claro cuando reflejamos nuestra opinión propia, y procurando siempre promover el pensamiento crítico que nos defina como sociedad lógica y sensata.