Ocurrió en Japón

Ocurrió en Japón
Japón
Japón

Cuando hablamos sobre culturas, es inevitable reconocer que la oriental es la que más dista de la europea. El paso de la historia ha provocado que toda la cultura asiática acabara por tomar su propio camino, estructurándose de una manera muy diferente a los estándares que estamos habituados a ver. La formalidad y el protocolo son una parte esencial de esta cultura, que resulta ser bastante más exigente en cuanto al comportamiento que deben tener las personas. Por eso mismo, ese elevado nivel de control acaba desencadenando ciertos comportamientos totalmente fuera de lugar, que es algo más raro de ver en otras culturas, y en realidad no es otra cosa más que la contrapartida directa de una sociedad atada por la censura. Desde Filofa, hemos recopilado varios sucesos ocurridos durante los últimos meses en Japón, que ademas de ser curiosos, dejan bastante clara la afirmación que formalizamos.

Hacia el 4 de Julio, junji Matsumoto fue detenido por la policía japonesa. Tras registrar su domicilio, encontraron un frigorífico sellado con cinta adhesiva, que contenía el cadáver de sus padres, ya ancianos. Según declaró a la propia policía, “Cada vez que mis padres me pedían que los cuidara, tenía que interrumpir los animes que estaba viendo, no podía soportarlo más.”

El siguiente caso, aunque algo más antiguo, ha sido publicado durante el mes de Julio. Según cuentan, Noriaki Horage era un japonés obsesionado con una compañera de trabajo. A tal punto llegó el nivel de locura, que durante una jornada laboral, se hizo con la llave del piso de la víctima, realizó una copia, y posteriormente allanó el domicilio para robar 21 pares de ropa interior.

Esta vez, la noticia se torna más horripilante. El 29 de Julio, un hombre sorprendió en plena calle a una estudiante de 17 años, arrojándole porquería y ensuciando así su ropa y su mochila. Tras ser detenido, la policía descubrió que dicha sustancia no resultaba ser otra cosa que una mezcla de heces y orina, ya que en su propio domicilio pudieron encontrar una amplia colección de tarros con el mismo contenido. Según declaró el detenido, “Me divorcié el año pasado, y tenía un odio hacia las mujeres en general”.

Para el ultimo de los casos, de una crudeza al nivel del anterior, nos situamos en la ciudad de Kobe, donde una mujer acudió al frigorífico de su oficina para tomar la botella que horas antes había dejado para que se enfriara. Al ver la botella de nuevo, se extrañó enormemente, pues ni el olor ni el color coincidían con el contenido que ella conocía previamente. Tras informar a la empresa y realizar una investigación interna, resultó que otro empleado fue visto llevando esa misma botella. Llegados a este punto, y tras interrogar al sospechoso compañero, este confesó que había orinado en dicha botella porque ella le gustaba.

Con la premisa inicial, no pretendo decir ni mucho menos que la cultura oriental sea un pozo de perturbados y degenerados. Pero si que es altamente probable que el fuerte nivel de censura y de represión que recae sobre la sociedad, acabe por resultar en que las más oscuras fantasías de los ciudadanos que tienen una menor estabilidad mental, acaben por tornarse realidad, dando lugar a deplorables escenas como las que acabamos de narrar.

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