Volver a vernos las caras

Hace ya dos días, el gobierno hizo pública la intención de suprimir durante las próximas semanas el uso obligatorio de las mascarillas en los espacios abiertos en los que se pueda mantener la distancia de seguridad.

Volver a vernos las caras
Mascarilla
Mascarilla

La noticia llega como una manta en pleno invierno, pues la fatiga pandémica que estamos teniendo que soportar está alcanzando unos niveles abismales (tampoco es que nos queden muchas más opciones). Una vez asimilado el alivio que nos supondrá dejar de taparnos media cara casi constantemente, me surgen las dudas de si en verdad es una medida lógica, o simplemente están tratando de hacer ruido con un cazo para desviar la atención de los abusos económicos que no paramos de recibir en estos últimos días.

Aunque si bien es cierto que la mayoría de la población utiliza la mascarilla de forma correcta, tampoco es difícil topar con casos en los que las personas hacen un mal uso de ella, como la típica nariz que asoma sobre la mascarilla como si fuera la linterna de un pez abisal o la acción de retirarse la mascarilla para fumar en la vía pública, teniendo en cuenta el riesgo que puede provocar el humo conociendo su capacidad de expansión. También debemos destacar que una relajación en la normativa sobre su utilización provocaría un efecto cadena, pues muchas personas adaptarían esta liberalización a espacios privados asumiendo que la mascarilla ya no resulta ser un medio necesario ante la situación en la que nos encontramos.

Por otro lado, los datos que recibimos a diario son cuanto menos esperanzadores, y por más que se flexibilizan las restricciones a lo largo de toda España, no parece que en ningún momento observemos un efecto rebote sobre las estadísticas, que no paran de hundirse sin presentar repunte alguno (dando por hecho que los datos que emite el gobierno son totalmente fidedignos y en ningún momento van a ser manipulados en favor de éste mismo). Lo cual nos hace llegar a pensar que en verdad, con un 21% de la población habiendo recibido la pauta completa, y casi un 40 por ciento con al menos una dosis; quizás sí que podamos empezar a soñar con la vuelta a la normalidad a la que estábamos tan acostumbrados y que aunque antes nos pareciese algo tan banal y simple, ha quedado bastante clara su importancia.

Mi cerebro aun no concibe la posibilidad de caminar por la calle pudiendo volver a ver rostros completos pasando a mi alrededor, sin tener que ponerse en guardia cuando escuchas a alguien toser, y sobre todo, recuperar ciertos gestos como los besos, los abrazos, o incluso el clásico apretón de manos, que han convertido este último año y medio, en una época más gélida. Aún desconocemos la fecha exacta, pero desde luego que resulta alentador saber que, no dentro de mucho, volveremos a vernos las caras.

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