El declive del titán de los videojuegos, Blizzard
Cuando hablamos del mundo de los videojuegos, es inevitable oír referencias sobre Blizzard, pues desde que lanzó el gran éxito Warcraft: Orcos y humanos en 1994, dicha desarrolladora se hizo un hueco de gran calibre en el mercado de la industria de los videojuegos.
Pese a la fuerza que puede aportar hoy día el nombre de Blizzard, no fue ese su nombre original, puesto que la empresa se fundó en 1991 bajo el nombre de Silicon & Synapse, y lejos de crear sus propios juegos, solamente se dedicaba a realizar portabilidades para otros estudios de mayor calibre. Fue un año más tarde cuando el barco dirigido por Michael Morhaime, Allen Adham y Frank Pearce, decidió lanzarse a la aventura de desarrollar su propio videojuego de plataformas, The lost Vikings, en el cual ya se veían los primeros trazos con los que Blizzard se haría un nombre en el futuro, pues no solo se centraba en la jugabilidad, sino que además cuidaba con todo detalle la ambientación del propio videojuego.

El público recibió de buena gana cada uno de los nuevos productos que Silicon & Synapse ofrecía para ordenadores y videoconsolas como Super Nintendo o Sega Mega Drive, por lo que el presupuesto y la ambición fueron creciendo a partes iguales, y finalmente en 1994 la compañía dio un lavado de cara estableciéndose bajo el nombre de Blizzard Entertainment inc. La empresa rodaba con todos los engranajes perfectamente engrasados, y en cuestión de cuatro años, ya había publicado varios títulos que hoy día aún siguen sonando en el sector de los videojuegos. Títulos como fueron Warcraft, Diablo y Starcraft.
Pero, pese a los éxitos que Blizzard cosechaba año tras año, no fue hasta el año 2004 cuando lanzó su obra maestra, revolucionando por completo el mundo de los MMORPG, con el videojuego World of Warcraft. El éxito de Blizzard se disparó como la espuma, y la desarrolladora se volcó en trabajar, cuidar y mimar cada detalle de las nuevas expansiones que sacaba sobre World of Warcraft, dándole una especial importancia a la historia que transcurría en el juego, consiguiendo así que la experiencia que recibían los jugadores fuera lo más inmersiva posible, y todo ello sin abandonar una jugabilidad generosa para el año al que pertenecía.
En su etapa de mayor apogeo, durante 2009, World of Warcraft llegó a congregar más de 10 millones de jugadores registrados que cada mes abonaban la correspondiente cuota por acceder al videojuego. Pero la industria del videojuego vive en constante cambio, y fue a partir del 2011 cuando empezó el declive de la desarrolladora, pues los proyectos que sacaba a la luz, no estaban a las expectativas del exigente público del que gozaban.
Durante los próximos años, nuevas versiones de juegos pasados vieron la luz bajo las manos de Blizzard, como es el caso de Diablo y Starcraft. También probó suerte con un juego de cartas basado en World of Warcraft, e incluso intentó meterse en el género de los MOBAs con Heroes of the Storm, el cual era un popurrí de personajes de todos sus videojuegos anteriores. Los años pasaban, y parecía que a Blizzard se les habían acabado las ideas, puesto que todos los juegos que veíamos eran refritos sacados de la sombra de World of Warcraft, y pese a que no fracasaban gracias a la herencia que les otorgaba el juego del que bebían, tampoco lograban hacerse el hueco que se hicieron en su día otros títulos de Blizzard.
En 2016 apareció lo que parecía ser un coletazo de vida por parte de la desarrolladora, con el nombre de Overwatch. Al fin arrancó un proyecto desde cero, con unos personajes caracterizados por la historia elaborada de la que Blizzard tanto podía enorgullecerse, y, además, reforzando un género que hasta la fecha apenas se había visualizado, el conocido como Hero Shooter.

Pero lamentablemente, Overwatch no fue más que un estanque un desierto gigante. Refrescó, pero no solventó el problema que tenían. Desde entonces los fracasos de Blizzard se han ido encadenando uno tras otro. World of Warcraft ha perdido gran parte de su público y de la complejidad que le daba su esencia, Starcraft se ha estancado por completo, Diablo no ha sabido mantenerse en las expectativas del público y la desarrolladora ha optado por buscar otros mercados como es el de los juegos de móviles con el fin de sacar dinero fácil, Overwatch ha muerto ya que han limitado el desarrollo del juego para centrarse en Overwatch 2. Y sin duda alguna, el mayor error que han cometido, al intentar volver a la saga Warcraft original con Warcraft Reforged, un juego hecho con tan poco trabajo y cariño, que horas después de su lanzamiento, ofreció la devolución del dinero del juego debido al aluvión de críticas que la comunidad estaba lanzando contra semejante bazofia.
Hay quien dice que la culpa de todo la tiene Activision, que al fusionarse con Blizzard en 2008 intentó gestionar los juegos de otra forma y arruinó el toque mágico que tenían. Puede ser que se les hayan acabado las ideas, o que no sepan adaptarse al mercado actual de videojuegos, el cual poco tiene que ver con el que existía hace 20 años. De cualquier manera, la marcha de Michael Morhaime, y de Frank Pearce en 2019, ambos fundadores de la desarrolladora, es otro de los muchos indicios que nos muestran que el Blizzard que existe hoy día poco tiene que ver con el que se fundó en 1991, y de que, si quiere volver a ser uno de los titanes de la industria del videojuego, va a necesitar mucho trabajo para recuperar su gloria.