Un criminal con el corazón de un cerdo
Durante la semana pasada, se produjo un acontecimiento que, debido a su naturaleza innovadora, fue cubierto por una buena cantidad de medios. Y es que, por primera vez en la historia, se realizó un trasplante de corazón utilizando el órgano vital de un cerdo (modificado genéticamente por cuestiones de compatibilidad).
Dicha operación fue todo un éxito, lo cual supuso un enorme avance en el ámbito sanitario si tenemos en cuenta la enorme cantidad de personas que fallecen esperando la confirmación de que hay disponible un órgano compatible y listo para poder continuar viviendo.
La noticia era enormemente positiva, pero con la extensión de esto, se ha terminado revelando una nueva información que provoca la apertura de un debate. Según parece, David Bennett, el receptor de dicho órgano porcino, había cometido un crimen hace 34 años en el cual dejó gravemente herida a otra persona. Según se ha descubierto, David encontró a su esposa siéndole infiel con otro hombre, lo cual le produjo un arrebato de ira en el que tras golpear por la espalda al amante de su mujer, lo apuñaló siete veces a lo largo del abdomen, pecho y espalda. El hombre terminó quedando paralítico debido a las heridas sufridas, aunque debido a un derrame cerebral acontecido varios años más tarde, ya no se encuentra entre nosotros.
David Bennett fue condenado a prisión, y 6 años más tarde, terminó su castigo convirtiéndose en una persona totalmente libre. También se supone que tenía que pagar una multa de tres millones de dólares en favor de la familia del apuñalado, pero que según alega la hermana del mismo, nunca se efectuó. Con la repercusión de la noticia del trasplante de corazón, la prensa llegó hasta la puerta de la hermana de la ya fallecida víctima, y las palabras de esta mujer, evidentemente emponzoñadas por la sed de venganza, han abierto un debate moral de lo más curioso.
“Ahora tiene una segunda oportunidad con un corazón nuevo, pero me gustaría, en mi opinión, que el corazón hubiera ido a un receptor merecedor”. Estas palabras han resonado con una gran fuerza, y no han tardado en aparecer personas a lo largo de todo el mundo, que se posicionan del lado de la distinción de enfermos en consecuencia a los actos que hayan cometido.
A pesar de todo, desde el hospital de Baltimore, donde se ha llevado a cabo dicha operación, se han manifestado de forma rotunda y unilateral, alegando que la decisión sobre la operación de Bennett se ha llevado a cabo teniendo en cuenta exclusivamente sus registros médicos, y no sus antecedentes u otras circunstancias de la vida, tal y como establece el actual sistema de salud.
Evidentemente, que las palabras de la hermana del fallecido, vienen cargadas del odio generado por considerar que no ha cumplido suficiente castigo ante los acontecimientos que sucedieron, pero establecer un sistema que juzga a las personas en base a la calidad de sus acciones, son palabras mayores. Si hoy estuviéramos negando un trasplante a una persona por haber cometido un delito, ¿quién nos dice que esta limitación no iba a terminarse extendiendo hasta que solo pudieran acceder a dicho tratamiento las personalidades más poderosas o con los bolsillos más abultados? Creo personalmente, que no nos corresponde a las personas disponer de la potestad de decidir si otro ser humano debe ser el receptor de un trasplante, independientemente de su historial delictivo. Al fin y al cabo, si algo tiene la muerte, es que al final no discrimina a nadie.