Batido de placenta: ¿beneficioso o perjudicial?
En la naturaleza es normal ver en documentales a mamíferos que después del parto, mientras limpian a los cachorros recién nacidos, coman parte de la propia placenta que también han expulsado, lo conocido como placentofagia.
Para aquellos no muy duchos en la biología humana, la placenta es un órgano que se encarga de la nutrición y excreción de sustancias durante el embarazo en los mamíferos. Muchos apoyan que es un desperdicio el retirar este órgano sin más tras el parto, y, tras ver la práctica animal, han decidido traspasar este procedimiento a la especie humana.
En los animales que realizan esta placentofagia, la razón es clara. El parto es un proceso por el cual se pierde mucha energía y el cuidado del recién nacido en esos primeros minutos impide que la madre consiga nutrientes tras ese sobresfuerzo. Para que el animal no quede exhausto y no pueda defender al pequeño cachorro, come la placenta ya que es una fuente proteínica rápida y que ayuda a pasar esos primeros momentos alerta. Además, retiran cualquier resto que pueda provocar que depredadores localicen a la cría.
Ahora bien, el ser humano no necesita de una fuente de nutrientes para defender a su cría pero si sigue siendo un momento en el que se pierde mucha energía para alumbrar al recién nacido. Entonces, ¿qué beneficios puede aportar el comer la placenta?
Si bien, no hay estudios suficientes de los que se pueda ver algún resultado, las instituciones y madres que apoyan esta técnica mantienen que es beneficiosa para la lactancia materna, produciendo una mejor subida de leche, y previene de depresiones postparto, al igual que el aporte extra de energía y reducción del dolor. Pero, como hemos dicho todavía se sigue estudiando si estos beneficios son reales o se basan en un efecto placebo.
Pero, ¿cómo comer tu propia placenta? La práctica más habitual es a través de un batido de frutas con un trozo de la placenta en crudo. Según experiencias recogidas a través de Internet, la mayoría de madres no hacen mucho caso a su sabor y lo hacen rápido sin saborear, aunque también dicen que después de pasar por el parto eso no es nada. Con el resto de la placenta, se deja secar y se encapsula para su ingesta a lo largo del período postparto. Si queremos realizarlo deberemos ir por el sector privado y su precio se sitúa en torno a los 300€. También está la posibilidad de la medicina tradicional china, la cual guarda esta placenta y la prepara asada o cocinada en platos, siendo su reclamo el aporte de mucha energía.
Ahora bien, ¿sirve? La mayoría de estudios publicados nos dice que no hay una evidencia suficiente para ver los beneficios de esto. Es más, advierten de peligros al ser un órgano con elevado número de estrógenos, lo que puede conllevar a un tromboembolismo pulmonar en las pacientes. Al igual que la posibilidad de infecciones si la placenta no ha sido tratada de la forma adecuada. Así, queda en decisión de la madre el utilizar su placenta como alimento o como desecho.
Y vosotros, ¿os comeríais vuestra placenta?