Seguridad a la basura en F1
Lo vivido en el GP de Italia disputado en el circuito de Monza este fin de semana se podría definir como esperpento. Una vez más, la FIA y la dirección de carrera han adulterado un resultado y dejado a los fans sin lo que podría ser un gran final de carrera.
Estaba siendo una carrera entretenida. Monza, el circuito con la media de velocidad más alta de todo el calendario, permite adelantamientos y aunque sea en el grupo medio siempre había lucha por posiciones en pista. Por otro lado, es uno de los circuitos preferidos para cambiar piezas del tren motor y perder puestos en la parrilla, lo que nos hace ver remonatadas espectaculares como las de Verstappen y Sainz. Una carrera tranquila y sin muchos contratiempos.
Pero, en las últimas vueltas de lo que estaba siendo una carrera tranquila, y sobre el papel fácil para una nueva victoria de Red Bull, Daniel Ricciardo aparcaba el coche en una zona alejada de puestos de comisarios para retirarlo con rapidez y facilidad. La FIA, acertada en ese momento, sacaba el coche de seguridad a falta de 5 vueltas, permitiendo las paradas de los pilotos para tener gomas nuevas. Si lo hacían bien, tendríamos un par de vueltas de pilotos con el cuchillo entre los dientes dando todo de si.
Sin embargo, como he dicho antes, la situación del coche hacía imposible una retirada rápida, y al no poder encontrar el botón de punto neutro del coche tuvieron que avisar a una grúa. Recordemos que una de las razones para incluir el halo en los monoplazas fueron los accidentes que acabaron con la vida de Jules Bianchi y María de Villota, casualmente producidos por una grúa en medio del circuito. La solución era fácil: bandera roja, se retira el coche, y brindamos a los espectadores de unas apasionantes últimas 3 vueltas donde todo podía pasar. La solución que optó la FIA: acabar detrás del coche de seguridad y que pasen todos a 3 metros escasos de la grúa mientras retiraban el McLaren del piloto australiano.
Uno que ya es perro viejo en ver competiciones de motor solo puede acordarse de Estados Unidos en estos momentos. La regla allí, en NASCAR e IndyCar, es que da lo mismo la duración de la carrera, no se puede acabar detrás del coche de seguridad y siempre tiene que haber una vuelta lanzada para terminar la carrera. Tan solo una vuelta hubiera bastado para disfrutar de la guinda del pastel. Pero, ya no solo eso, si no que la seguridad de los pilotos, que bajo condiciones de Safety Car siguen yendo a más de 100 km/h, se vió reducida al pasar al lado de una grúa. Y ya no solo de los pilotos, la de los comisarios que estaban haciendo todo lo posible para hacer su trabajo lo más rápido que podían y estaban en pista, también.
Sin duda, el problema no es el director de carrera que hay o había, son las normas de una Fórmula 1 que llevan enquistadas en generaciones pasadas, sin evolucionar.